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�SAB�A USTED QU�?





Milagros Cientificos Del Coran 1/7



El �ltimo mensajero y enviado de AL�H (Dios), el profeta Mujammad (paz y bendiciones sean con �l), envi� cartas de invitaci�n a abrazar el Islam, a los emperadores, reyes, r�gulos, viceregentes y gobernadores conocidos en el mundo de aquella �poca; entre los cuales constan:

Carta a Negus, Rey de Etiop�a
Carta a Khusro Perwez, Emperador (Kisra) de Ir�n
Carta a Muqawiqis, Vicerregente de Egipto
Carta a Munzir bin Sa�wa, Gobernador de Bahrain
Carta a Her�clito, C�sar (Emperador) de Roma, junto con �sta, otra similar enviada al Papa de Roma. A continuaci�n damos a conocer el texto y resultado de esta �ltima:
"En el nombre de AL�H, el Clemente, el Misericordioso"
De: Mujammad, mensajero y siervo de AL�H
Para: Her�clito, C�sar. (de Roma)
La paz sea con aquel que sigue el camino correcto.

Despu�s de esto:

Yo os invito a seguir el camino del Islam, aceptadlo por vuestra salvaci�n.

Si acept�is el Islam, AL�H os proteger� y recompensar� con creces.

Si lo rechaz�is, la responsabilidad por las transgresiones de la naci�n entera, ser� vuestra. Ser�s contabilizado por lo que pase con Arrio (obispo Unitario) y sus seguidores.

�Oh Gente de las Escrituras! (Gente que ha recibido la revelaci�n divina: ej: Cristianos):

Dejad a un lado todas los problemas y diferencias. Acordemos en algo que no tiene controversia (duda) entre nosotros, ni vosotros, y esto es que no ador�is a nadie m�s sino a AL�H (Unico Absoluto y Soberano Dios), que no le asociemos nada en su adoraci�n (no cometer polite�smo) y no busqu�is otro sustento, sino de �l. Si rechaz�is esto, al menos vosotros testificar�is que nosotros creemos en la Absoluta Soberan�a de AL�H, bajo toda circunstancia. Sello: Mujammad, Mensajero de AL�H. Nota: esta carta fue escrita sobre piel de venado. Hoy en d�a esta en posesi�n del Rey Husssein de Jordania, quien pertenece a la misma tribu (Hashim) del Profeta.

Comentario: As� como hace algunos a�os exist�a la hegemon�a de dos S�per potencias, as� mismo hab�a en el tiempo del Profeta Mujammad (Paz y bendiciones sean con �l), dos grandes imperios que eran: El Persa y el Romano o Bizantino. El primero, ubicado al oriente de Arabia, era el estado m�s grande de Asia y cuna de una gran civilizaci�n. Por otra parte, en direcci�n nor-occidente de la Pen�nsula Ar�biga, se encontraba el Imperio Romano.

Unos a�os atr�s los Persas atacaron a los Romanos, en lo que hoy es Siria y les infligieron una derrota. Existe un pasaje Cor�nico que narra el suceso; posteriormente, los Romanos se armaron mejor y derrotaron a los Persas. A pesar de que estos �ltimos eran muy poderosos en ese tiempo, se ve�a una oportunidad de victoria para los Romanos. El Cor�n profetiz� un claro triunfo a los Romanos en esta batalla y es as� como Her�clito vino hacia Jerusalem para mostrar su poder�o. Es en esta visita, cuando recibe la antes mencionada carta del Profeta Mujammad (Paz y bendiciones sean con �l). Her�clito orden� que alguien de Arabia deber�a presentarse ante �l; Casualmente, se encontraba Abu Sufi�n con su mercanc�a cerca de Ghaza. Los soldados del C�sar lo trajeron de Ghaza hacia su presencia.

El C�sar prepar� una gran comitiva de recepci�n, donde don� una corona. Luego, dirigi�ndose a los �rabes pregunt�: qui�n era, de entre los presentes, el pariente m�s cercano a aquel que proclama ser Enviado de Dios. Abu Sufi�n se present� diciendo que era pariente del Profeta (Paz y bendiciones sean sobre �l).

Se desarroll� el siguiente di�logo:

C�sar: �A qu� clase de familia, pertenece aquel que dice ser Profeta?.
Abu Sufi�n: A una familia noble.
C�sar: �Hay alguien m�s en su familia, que dice ser profeta?.
Abu Sufi�n: No.
C�sar: �Hay alguien en su familia que haya sido Rey?.
Abu Sufi�n: No.
C�sar: La gente que ha aceptado esta religi�n, � es pobre o de gran influencia?.
Abu Sufi�n: Son gente pobre.
C�sar: �Sus seguidores crecen o disminuyen num�ricamente?.
Abu Sufi�n: Crecen.
C�sar: �Han evidenciado en �l, alguna vez, faltar a la verdad?.
Abu Sufi�n: No.
C�sar: �Ha quebrantado alguna vez un acuerdo, o una promesa?.
Abu Sufi�n: Muy lejos de ello, �l nunca lo ha hecho.
C�sar: �Has luchado t� en alguna batalla contra �l?.
Abu Sufi�n: S�.
C�sar: �Cu�l fue el resultado de la batalla?.
Abu Sufi�n: Hab�a veces que nosotros sal�amos victoriosos, hab�a veces que �l Obten�a el triunfo.
C�sar: �Cu�les son sus ense�anzas?.
Abu Sufi�n: �l dice: "Adorar a Un Solo Dios- AL�H, no asociarle nada a �l (polite�smo). Establecer el rezo, ser piadosos, hablar la verdad, tratar a los parientes con consideraci�n".

Luego de este di�logo C�sar hizo notar que los Profetas siempre pertenecieron a nobles ancestros; m�s adelante, dedujo, que no habiendo nadie m�s de la familia del Profeta (Paz y bendiciones sean con �l), que tambi�n se haya proclamado ser un Enviado de Dios, hab�a una clar�sima prueba que su proclamaci�n no era de car�cter hereditario. Similar ausencia de alg�n miembro de su familia que fuera rey, probaba una vez m�s que su inclinaci�n no era proclamarse rey. Ya que en su boca nunca se pronunci� una mentira, tampoco se pod�a imaginar una mentira sobre AL�H. El C�sar tambi�n acot� que los primeros seguidores de los Profetas, siempre fueron gente pobre y que la religi�n verdadera siempre iba en incremento. Tampoco ning�n profeta hab�a enga�ado a nadie. Ya que este nuevo profeta tambi�n ense�aba lo que es la piedad, la limpieza y la adoraci�n a un solo Dios, lo m�s probable es que un d�a no muy lejano, ser�a el amo de aquel lugar que el C�sar hoy ocupaba.

De inmediato orden� el C�sar, que la carta del Profeta (Mujammad) deba ser le�da.

La conversaci�n de C�sar con Abu Sufi�n disgust� sobremanera a los cortesanos. El C�sar tuvo que enviar a fuera de la corte a los �rabes. El apego a la corona, al trono y a la posici�n de los cortesanos, no le permiti� al C�sar, el aceptar el Islam. Sin embargo, sus preguntas y la conversaci�n que tuvo lugar, claramente nos muestra que �l se encontraba convencido de la veracidad del mensaje del Islam, pues se dio cuenta que alguien quien jam�s haya proferido una mentira, tampoco pod�a decir algo equivocado acerca de AL�H.

C�sar tambi�n se dio cuenta que las riquezas mundanales, o la b�squeda de fama, no fue nada que pudo atraerle como meta al Profeta del Islam, si no mas bien lo que le import� fue el cumplimiento cabal de la entrega del mensaje del Islam a toda la humanidad.

Cuando el C�sar se aprestaba a regresar a Constantinopla, nuevamente aconsej� a sus cortesanos a que sigan las ense�anzas de Mujammad (paz y bendiciones de AL�H sean con �l), puesto que Su descripci�n, en los libros sagrados, correspond�a al Profeta esperado.

Los cortesanos respondieron que tal aceptaci�n, ser�a subyugarse a la supremac�a de los �rabes, a pesar de que su naci�n en la actualidad era la m�s grande potencia de ese entonces. C�sar indic� que a pesar de que ellos no se encontraban preparados para aceptar El Islam, sin embargo, ser�an m�s tarde sojuzgados por los �rabes.

El C�sar mostr� mucho descontento por la actitud arrogante de sus cortesanos e inmediatamente dej� Siria. Mientras se alejaba, prometi� nunca volver al territorio Sirio y as� lo hizo.

CARTA AL PAPA DE ROMA

En el nombre de AL�H, el Clemente, el Misericordioso.

La paz sea sobre aquel que cree en AL�H. Yo tengo la misma fe de Isa (Jes�s), hijo de Mariam (Mar�a), quien es el Esp�ritu de AL�H y Su Palabra. AL�H lo infundi� a �l en la piadosa Mariam. Yo creo en AL�H, en todos Sus Libros y Sus Leyes que me fueron reveladas; as� como fue revelado a Ibrahim, Ismael, Isaac, Jacob (paz con ellos) y a sus descendientes. Tambi�n creo en lo que fue revelado a Mois�s y a Jes�s y a otros profetas de AL�H. En fe y creencia, no hacemos diferencia entre ellos; pues nosotros, somos musulmanes (sumisos a la voluntad de AL�H).

La paz sea con aquel que sigue la gu�a divina.

Sello: Mujammad
Mensajero de AL�H.

Nota: Junto con la carta al C�sar, el Profeta (paz y bendiciones de AL�H sobre �l), hab�a enviado senda carta al Papa de Roma (a�o 627 E.C.), quien atestigua acerca de la veracidad del Profeta Mujammad y dijo: " No hay duda que �l es un verdadero Profeta". Luego se hab�a dirigido a la congregaci�n reunida en la catedral, para informar a la gente que recibi� una carta del Profeta �rabe Ahmad (sin�nimo de Mujammad), quien lo invit� a entrar en la verdadera fe de AL�H, el �nico.

El Papa de inmediato testific�: "No hay otra divinidad sino AL�H y que Ahmad (paz y bendiciones sean con �l) es el Siervo y Profeta de AL�H. Al escuchar esta verdad, la gente se enfureci� tanto, que agredieron al Papa y lo mataron".

Fuente de investigaci�n:
Letters of the Holy Prophet. p.94-95
Tabari's Ibn Sa'd, History vol.3,p.28
Prophet Muhammad, the last Messenger, in the Bible
by Kais Al-Kalby p.367-368.
Sahih Bukhari Vol.1 p.5
Recopilaci�n: Imam Yahya.
Siervo de AL�H

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