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Revelación del sagrado Corán (nuzuul al-quran)



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Muhammad En La Biblia 1/5



Forma de la revelación

Dice Al-lâh en el Sagrado Corán:

Es el mes de ramadán, en que fue revelado el Corán como dirección para los hombres y como pruebas claras de la Dirección y del Criterio (Sagrado Corán, 2:185)

Lo (el Corán) hemos revelado en la noche del Destino (Sagrado Corán, 97:1)

Lo hemos revelado en una noche bendita (Sagrado Corán, 44:3)

Estas aleyas nos muestran y nos indican cómo el Corán fue revelado en el mes de Ramadán, en la noche del Destino: una noche bendita. Y las aleyas en cuestión hablan del descenso del sagrado Corán de una sola vez. Sin embargo, estas aleyas pueden parecer contradictorias cuando es sabido que el Corán fue revelado a lo largo de 23 años, es decir, los años que duró la misión profética de Muhammad . Los eruditos sobre esta cuestión han determinado lo siguiente:

1. La opinión de la mayoría de ellos, es la opinión de ibn ´Ab-baas,-compañero del Profeta (sahaabii)-, el cual, refiriéndose al significado de estas aleyas, dijo que el significado de las mismas se refieren al descenso del sagrado Corán en la noche del Destino de una sola vez, en la Casa de la Gloria en el primer cielo. Más tarde fue revelado de forma repartida al Enviado de Al-lâh, a lo largo de veinte y tres años.

2. La segunda opinión es la del seguidor (taabi´ii) Aš-ši´bii, el cual dijo que el significado de estas tres aleyas mencionadas hacen mención al comienzo de la revelación coránica al enviado de Al-lâh, la cual tuvo comienzo en la noche del Destino. Luego, fue revelado de forma continua a lo largo de los veinte y tres años de la misión profética.

Por otro lado, tenemos el relato profético (hadiz), del comienzo de la revelación, narrado por al-Bujaarii y Muslim, en el cual, Aishah, mujer del Profeta, -que Al-lâh esté complacido con ella- dijo: "Lo primero que fue revelado al Profeta fue la visión fidedigna. Luego, fue inspirándosele el amor por el retiro. Así fue, como el Profeta, comenzó a ir a la cueva de hiraa`, en la cual permanecía noches enteras, para de este modo, alejarse de la mala vida de la Meca. Para tal retiro, tomaba provisiones. Cuando se le terminaban las subsistencias de comida y agua, volvía a casa para pedirle a su esposa Jadiya más alimento, para así volver otra vez a la cueva. Y, estando allí, una noche se le apareció el arcángel Gabriel (yibril), y le dijo: "Lee". Dijo el Enviado de Al-lâh: "y yo le dije a Gabriel: "No sé leer". Al decir esto, Gabriel me cogió y me apretujó hasta dejarme sin fuerzas. Después, me dejó y me dijo de nuevo: "Lee". Le dije: "No sé leer". Así, volvió a cogerme y a oprimirme y me ordenó otra vez: "Lee". Yo volví a contestarle lo mismo. Y por tercera vez, repitió la misma acción. Luego me dejó y dijo:

Lee (recita) en el nombre de tu Señor, que ha creado - ha creado al hombre de sangre coagulada - Lee (recita). Tu Señor es Magnífico - Que ha enseñado el uso del cálamo (el uso de la escritura) - Que ha enseñado al hombre lo que no sabía (Sagrado Corán, 96:1-5)

A pesar de estas dos opiniones, ambas convergen en un único significado, es decir, podemos hablar de dos revelaciones:

· El primero. Su revelación de una sola vez, de forma completa, en la noche del Destino, a la Casa de la Gloria en el primer cielo - el cielo de este mundo.

· El segundo. Su revelación desde la Casa de la Gloria en el primer cielo a la Tierra de forma repartida a lo largo de los veinte y tres años de la misión profética.

Podemos señalar, que la importancia de la revelación del sagrado Corán al primer cielo nos muestra la magnanimidad que Al-lâh quiso darle al Corán, magnificencia tal que no le fue concedida a los libros anteriormente revelados y, por otro lado, el que tanto los seres celestes como los terrestres, fueran participes en conocer la magnificencia que Al-lâh otorgó al sagrado Corán.

La revelación del sagrado Corán de forma repartida

Han venido relatadas varias aleyas en el sagrado Corán, que nos muestran como el arcángel Gabriel descendió -por orden de Al-lâh- con el Corán al corazón del Profeta. Entre estas aleyas podemos mencionar las siguientes:

Es (el Corán) en verdad, la revelación del Señor del Universo - El Espíritu digno de confianza (el ángel Gabriel) lo ha bajado - a tu corazón, para que seas uno que advierte - En lengua árabe clara (Sagrado Corán, 26:192-195)

Di (¡oh profeta!): "Gabriel lo (el Corán) ha revelado, de tu Señor, con la Verdad, para confirmar a los que creen y como dirección y buena nueva para los musulmanes (los que se someten a Al-lâh). (Sagrado Corán, 16:102)

Di (¡oh profeta!): "Si hay alguien enemigo de Gabriel -él es quien, autorizado por Al-lâh-, lo (el Corán) reveló a tu corazón, en confirmación de los mensajes anteriores, como dirección y buena nueva para los creyentes (Sagrado Corán, 2:97)

De igual modo, vemos como los verbos utilizados en el Corán para expresar la revelación son (tanziil), que nos indica la revelación del Corán de forma repartida, y otro, con la construcción (`inzaal), que nos indica su descenso de una sola vez al primer cielo. Y como hemos dicho, el Corán se caracteriza también, en que no fue revelado de una sola vez, sino que fue revelado a lo largo de veinte y tres años, al contrario de lo que ocurrió con los otros libros revelados anteriormente, los cuales fueron revelados de una sola vez a sus respectivos mensajeros, como la Torá de Moisés, las Hojas de Abraham, los Salmos de David y el Evangelio de Jesús.

Por otro lado, encontramos relatos proféticos correctos (hadiz sahih), de cómo algunas partes del sagrado Corán eran reveladas conforme a los acontecimientos surgidos a lo largo del período profético. Sobre este tema, hay una disciplina dentro de las ciencias del Corán la cual es conocida por: "causas de la revelación" (`asbaab an-nuzuul). Dichas aleyas eran reveladas de cinco en cinco, de diez en diez, o a veces en mayor o en menor proporción. Como por ejemplo, en la sura de "las mujeres", encontramos la frase: "sin estar impedidos", la cual es un fragmento de una aleya, que fue revelado así, tal cual.

El porqué de la revelación coránica de forma repartida

A lo largo del tiempo, los eruditos del Islam, han ido preguntándose los porqués de la revelación coránica de forma repartida. Y a través de sus reflexiones, extrajeron conclusiones importantes y dignas de estudio. De entre las más importantes podemos citar las siguientes:

a. Confirmación del corazón del Profeta

El profeta Muhammad se entregaba en cuerpo y alma con el fin de llevar a cabo la tarea que Al-lâh le había encomendado y, que no era otra que la de trasmitir el mensaje que Al-lâh le había entregado. Sin embargo, no encontraba por parte de los politeístas de la Meca mas que rechazo y negación. Tal actitud por parte de sus paisanos provocaba la tristeza del Profeta, al ver como su gente rechazaba la Verdad venida de su Señor. Por eso, como todo ser humano que necesita ayuda y estímulo cuando no consigue realizar lo que desea, y sólo encuentra a cambio de su esfuerzo repulsa y hostilidad, el profeta Muhammad , necesitaba de alguien que le espolease en su tarea de mensajero de la Palabra Divina para no verse influenciado negativamente por el rechazo de su propia gente. Y Al-lâh, -alabado y ensalzado sea-, sabiendo que lo que haría la gente de la Meca con el profeta Muhammad , -como norma habitual en todo profeta que es enviado a su gente, y luego rechazado-, utilizando el mismo mensaje coránico, estimulará y dará fuerzas al Profeta, recordándole los relatos de enviados y profetas anteriores a él y, como ellos encontraron el mismo rechazo y la misma hostilidad que el Profeta encontraba por parte de su pueblo. Así, podemos encontrar en los relatos coránicos, -sobre todo los que hacen referencia a los profetas a y enviados anteriores-, como dichos profetas fueron pacientes en su tarea y aguantaron la ignominia de sus paisanos. Además, vemos como Al-lâh se dirige a Su Enviado en varias aleyas del sagrado Corán sobre este cometido:

Y si te desmienten, también fueron desmentidos otros enviados antes de ti, que vinieron con las pruebas claras, las Escrituras y la Escritura luminosa. (Sagrado Corán, 3:184)

Ten, pues, paciencia, como la tuvieron otros enviados resueltos. (Sagrado Corán, 46:35)

Te contamos todo esto (los relatos de los profetas anteriores a ti), sacado de las historias de los enviados, para confirmar tu corazón. (Sagrado Corán, 11:120)

Y cuando más fuerte y amargo era el rechazo por parte de los politeístas de la Meca, el Corán descendía desde la Casa de la Gloria, -y con Gabriel como portador de la buena nueva-, al corazón del Profeta, para así, confirmar y fortalecer espiritualmente su corazón:

¡Qué no te entristezca lo que digan! Nosotros sabemos tanto lo que ocultan como lo que manifiestan. (Sagrado Corán, 36:76)

Y Al-lâh le mandaba la buena nueva, anunciándole la victoria y el auxilio temprano:

Al-lâh ha escrito: "¡Venceré, en verdad! ¡Yo y mis enviados! Al-lâh es fuerte y poderoso. (Sagrado Corán, 58:21)

Y en una aleya definitiva, Al-lâh explica el porqué, o uno de los porqués de la revelación coránica de forma repartida:

Los infieles dicen: "¿Por qué no se le ha revelado el Corán de una sola vez?". Te lo hacemos revelar de esta forma, (gradualmente), para confirmar con él tu corazón. Y lo hemos hecho recitar lenta y claramente (Sagrado Corán, 25:32)

En un relato de narrado por Yabir, cuenta que la tribu de los Coraix se reunió en un lugar donde solían encontrarse y dijeron: "hemos de apodar este individuo, (es decir, al Profeta), con un nombre desacreditador". Unos dijeron: "¡es un adivino!", "no, no lo es". Otros dijeron: "¡es un loco!", "no, no es un loco". Otros dijeron: "¡Es un mago!", "no, no lo es". Así, se dispersaron los politeístas de la tribu de Coraix con sus conclusiones, los cuales llegaron a oídos del profeta Muhammad , el cual, tras llegarle dichas murmuraciones, se afligió. Y al meditar en ellas cogió un manto y se arrebujo envuelto en él. Y estando así, vino el arcángel Gabriel con una aleya coránica que decía lo siguiente:

¡Tú, el envuelto en un manto! -¡Levántate y advierte! - A tu Señor, ¡ensálzale! -Tu ropa, ¡purifícala! - La abominación, ¡huye de ella! - ¡No des esperando ganancia! - La decisión de tu Señor, ¡espérala paciente! - Cuando suene la trompeta,- ése será, entonces, un día difícil - para los infieles, no fácil. - ¡Déjame solo con Mi criatura, - a quien he dado una gran hacienda, - e hijos varones que están presentes! - Todo se lo he facilitado, - pero aún anhela que le dé más. -¡No! Se ha mostrado hostil a Nuestros signos. - Le haré subir por una cuesta. - Ha reflexionado y tomado una decisión, - pero ¡qué decisión! ¡Maldito sea! - Sí, ¡qué decisión! ¡Maldito sea! - Luego, ha mirado. - Luego, se ha puesto ceñudo y triste. -Luego, ha vuelto la espalda, lleno de altivez. -Y ha dicho: «¡Esto no es sino magia aprendida! -¡No es sino la palabra de un mortal!» -¡Lo entregaré al ardor del saqar! (Sagrado Corán, 74:1-26)

b. Facilidad en la memorización y comprensión del sagrado Corán

El Profeta fue enviado a un pueblo idólatra y analfabeto que no conocía la escritura ni la lectura, como nos informó Al-lâh en el sagrado Corán:

Él (Al-lâh) es quien ha mandado a los gentiles un Enviado salido de entre ellos, que les recita Sus aleyas, les purifica y les enseña la Escritura (el Corán) y la Sabiduría. Antes estaban en un evidente extravío (Sagrado Corán, 62:2)

Así, si el Corán hubiese sido revelado de una sola vez, hubiera sido casi imposible el memorizar y el comprender las aleyas coránicas. Por eso fue revelado gradualmente de forma fraccionada, para que de este modo les fuera sencillo a los compañeros del Profeta su memorización. Ya que, además, los materiales e instrumentos para la escritura, no estaban al alcance de todos y no todos sabían leer ni escribir. Así, los compañeros seguían la revelación del Corán paso a paso: memorizaban las aleyas y, cuando comprendían el sentido de las mismas, las aplicaban a su vida diaria y, no pasaban a memorizar otras aleyas, hasta que las que habían aprendido en último lugar eran plasmadas en la realidad en actos palpables y visibles. Del mismo modo, los Seguidores (at-taabi´in), tomaron el mismo método para enseñar y comprender el Corán. Cuenta Abu Nad´rah que Abu sa´iid al-Judrii, "nos enseñaba cinco aleyas por la mañana y cinco aleyas por la tarde. Y nos informó que Gabriel, -la paz sea con él-, revelaba el Corán -con permiso de Al-lâh-, de cinco en cinco aleyas al Profeta".

c. La paulatinidad en la Legislación

El Islam vino a una sociedad corrupta y llena de vicios y depravaciones. Así, Al-lâh decidió y decretó que los preceptos, tanto los religiosos como los legislativos, a través de la revelación divina, -ya fuera por medio del Corán o por la tradición profética-, no vinieran todos de una sola vez, sino, que fueran revelados conforme a las necesidades de adaptación de la nueva comunidad islámica que había comenzado a surgir en la ciudad de la Meca. Así, del mismo modo que un neófito en cualquier campo de la vida común, necesita de un período de adaptación, del igual forma, Al-lâh, que es quien conoce al ser humano íntegramente, -ya que es Él y no otro quien le creó y le dió la vida-, sabía como revelar su mensaje. Así, a lo largo de la profecía, vemos como Al-lâh, antes de establecer alguna cosa como ilícita o de establecer un nuevo precepto, fue ordenando paulatinamente a los musulmanes, pasos concretos y variados, hasta la llegada del precepto que ordenase, de forma definitiva, la prohibición de ciertos asuntos o la obligatoriedad de llevar a cabo ciertos otros. Esto es lo que nuestros eruditos llamaron la paulatinidad en la legislación. Es decir, como Al-lâh, antes de prohibir una cosa tajantemente, hizo revelar preceptos, los cuales iban haciendo que los musulmanes fuesen alejándose de ciertos asuntos, que a la larga serían proclamados como ilícitos por Al-lâh, de una forma gradual, conforme a la adaptabilidad de sus siervos.

Así, encontramos muchos ejemplos en la vida de los musulmanes de la Meca, por ejemplo la azalá (as-salat), -a la que estaban y siguen estando todos los musulmanes obligados-, antes de la emigración a Medina y, - más concretamente, antes de que el Profeta realizara por Gracia de su Señor, el Viaje nocturno y la ascensión a los cielos y el descenso a los infiernos-, consistía en dos unidades de azalá (raka´atayn) por la mañana y dos unidades de azalá por la noche. Sobre el asunto del Viaje Nocturno (al-`israa`) y la ascensión a los Cielos (al-mi´raay), a parte de su mención en el Corán:

¡Gloria a Quien hizo viajar a Su siervo (Muhammad) de noche, desde la Mezquita sagrada (en la Meca) a la Mezquita Lejana (en Jerusalén), cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle parte de Nuestros signos! (Sagrado Corán, 17:1)

Nos han sido narrados muchos relatos transmitidos por el Profeta. De entre ellos, extraemos una pequeña parte del bellísimo y extraordinario acontecimiento del Viaje Nocturno y la Ascensión, fragmento que refleja el momento en el que Al-lâh, -alabado y ensalzado sea-, ordena al profeta Muhammad el precepto de la azalá obligatoria cinco veces al día:

"… Tras el encuentro del Profeta Muhammad con su Señor en el último cielo, el Profeta descendió hasta encontrarse con Moisés (Musa) que preguntó al profeta Muhammad :

- ¿Qué es lo que te ha prescrito tu Señor?, pregunto Moisés.

- Ha prescrito a mi comunidad, -es decir, los musulmanes-, cincuenta azalás diarias.

- Vuelve a tu Señor -dijo Moisés- y, pídele que reduzca su número, ya que tu comunidad no podrá soportar cincuenta azalás diarias. Vuelve y pídele a tu Señor que las reduzca.

"Así, -dijo el profeta Muhammad -, volví a mi Señor y le pedí que redujera el número de azalás, las cuales, tras mi petición fueron reducidas a cuarenta. Y al descender volví a encontrarme con Moisés el cual me volvió a preguntar":

- ¿Qué es lo que te ha ordenado tu Señor?

- Redujo el número de azalás diarias a cuarenta.

- Vuelve a tu Señor otra vez, y pídele que las reduzca a menos, ya que tu comunidad no podrá soportar cuarenta azalás diarias.

"Así, -dijo el profeta Muhammad -, volví a mi Señor y, tras mi petición, las volvió a reducir. Esta vez a treinta azalás diarias. Me encontré con Moisés de nuevo y me dijo lo mismo y, Al-lâh, cada vez que me encontraba con Él y le pedía que las redujera, las iba restando de diez en diez azalás. Hasta que fueron reducidas a cinco. Volví a encontrarme con Moisés y me dijo lo mismo que me decía en cada ocasión que me encontraba con él. Pero esta vez no volví a mi Señor y le dije a Moisés":

- No quiero volver, ya que me avergonzaría de pedirle otra vez para que las reduzca a menos de cinco.

Así, es como se le fue ordenado a nuestro Profeta, -la paz y las bendiciones de Al-lâh sean con él-, cincuenta azalás diarias, las cuales, fueron reducidas por Misericordia de Al-lâh con los musulmanes a cinco. Y que, además, las cinco azalás que llevan a cabo los musulmanes a lo largo del día, tienen la recompensa de las cincuenta azalás primeramente establecidas. De este modo, vemos como a partir del Viaje Nocturno, fueron establecidas definitivamente las cinco azalás diarias obligatorias para todo musulmán.

Otro ejemplo claro de la paulatinidad en la legislación lo encontramos en la prohibición de las bebidas embriagantes y como la ilicitud de las mismas pasó por cuatro fases antes de que fueran prohibidas de una forma tajante.

En una primera fase, Al-lâh se dirigió a los creyentes, a través del mensaje coránico de la siguiente forma:

De los frutos de las palmeras y de las vides obtenéis una bebida embriagadora y un bello sustento. Ciertamente, hay en ello un signo para gente que razona (Sagrado Corán, 16:67)

Aquí, Al-lâh, -ensalzado y alabado sea-, describió el sustento como bello pero, sin embargo, no dio ningún tipo calificativo a la embriaguez para así, como Al-lâh dice al final de la aleya, sirviera para que los musulmanes razonaran en este asunto.

En otra fase, Al-lâh reveló:

Te preguntarán (a ti Muhammad), acerca del vino y de los juegos de azar. Di: "ambos encierran pecado grave y ventajas para los hombres, pero su pecado es mayor que su provecho. (Sagrado Corán, 2:219)

Aquí, vemos como Al-lâh dio un paso más, dando a explicar a los creyentes, que a pesar de que el vino pueda encerrar en sí mismo ventajas, lo malo que ello encierra, es mucho peor, que el provecho que se le pueda sacar.

· En un tercer momento, Al-lâh reveló a través del Corán:

¡Creyentes! No os acerquéis ebrios a la azalá. Esperad a que estéis en condiciones de saber lo que decís. (Sagrado Corán, 4:43)

Vemos aquí, como primera vez, en la que Al-lâh hace referencia al vino de forma prohibitoria y, sin embargo, no abolió su consumo, sino, que prohibió el hacer la azalá en estado ebrio, ya que tal estado no permite que alguien se pueda concentrar en lo que dice o en lo que hace. Además, el no llegar a la azalá en estado ebrio, conllevaba el permanecer una gran parte del día sin beber, lo cual, iba menguando el interés por la bebida, de aquellos musulmanes que todavía seguían tomando vino.

Y, finalmente, llegamos a la última fase, en la cual, el consumo del vino fue declarado ilícito de forma tajante. Así, Al-lâh reveló en su sagrado libro su dictamen final:

¡Creyentes! El vino, los juegos de azar, las piedras erectas y las flechas no son sino abominación y obra del demonio. ¡Alejaos de él, pues! Quizás, así, prosperéis - el demonio quiere sólo crear hostilidad y odio entre vosotros valiéndose del vino y de los juegos de azar, e impediros que recordéis a Al-lâh y hagáis la azalá ¿Os abstendréis, pues? (Sagrado Corán, 5:90-91)

De esta forma, fue revelado el precepto de la ilicitud del vino de forma concluyente y sin apelativos, con el porqué de la prohibición. Y como nos han llegado a través de relatos, las calles de Medina, se convirtieron en ríos de vino, cuando esta aleya fue revelada, lo que nos muestra la fe y la obediencia que los musulmanes tenían a Al-lâh y a Su profeta Muhammad .

Otro ejemplo claro que podemos mencionar es el de la prohibición de la usura. Encontramos, del mismo modo que en los ejemplos anteriormente nombrados, como la ilicitud de la usura fue establecida de forma paulatina y no de una sola vez.

En este caso, la usura fue declarada ilícita a lo largo de cuatro fases. En la primera de ellas Al-lâh revelo:

Lo que prestáis con usura para que os produzca a costa de la hacienda ajena, no os produce ante Al-lâh. En cambio lo que dais de azaque por deseo de agradar a Al-lâh… esos son los que recibirán el doble. (Sagrado Corán, 30:39)

Vemos, como Al-lâh hace referencia a la usura, -sin dictaminar su prohibición-, y, como está, pese a dar buenos frutos materiales en esta vida, no los da del mismo modo ante Al-lâh. Y como, las limosnas, en cambio, a pesar de que quien las lleva a cabo pueda perder cierta parte de su dinero, en verdad, lo que hace es ganar mucho más, ya que por un lado ayuda a los necesitados y, por otro, Al-lâh le dará su recompensa en esta vida y en la Otra.

Más adelante, Al-lâh reveló en otra aleya:

Prohibimos a los judíos cosas buenas que antes les habían sido lícitas, por haber sido impíos y por haber desviado a tantos del camino de Al-lâh, - por usurear, a pesar de habérseles prohibido, y por haber devorado la hacienda ajena injustamente. A los infieles de entre ellos les hemos preparado un castigo doloroso. (Sagrado Corán, 4:160-161)

Esta aleya, nos cuenta como la usura era ilícita para los Hijos de Israel, y como por haber trasgredido dicho mandato, entre otros, Al-lâh los castigó.

Al-lâh, en una tercera fase reveló:

¡Creyentes! ¡No usuréis, doblando una y otra vez (la deuda de la usura)! ¡Y temed a Al-lâh! Quizás, así, prosperéis. (Sagrado Corán, 3:130)

Aquí, por primera vez, vemos como Al-lâh prohíbe el practicar la usura de una practica desmesurada, pero sin declararla ilícita categóricamente. Hasta que fue revelada la última aleya referente al tema de la usura, en la que Al-lâh reveló lo siguiente:

¡Creyentes! ¡Temed a Al-lâh, y renunciad a los provechos pendientes de la usura, si es que sois creyentes! - Si no lo hacéis así, podéis esperar guerra de Al-lâh y de Su Enviado. Pero, si os arrepentís, tendréis vuestro capital, no siendo injustos ni siendo tratados injustamente. (Sagrado Corán, 2:278-279)

Así, observamos como Al-lâh prohíbe la usura de una forma tajante y clara. Por eso, en el Islam, el uso de la usura está totalmente prohibido a cualquier nivel y en cualquier campo económico y social. El que presta dinero, sólo debe de esperar de su deudor aquello mismo que le prestó sin añadir un solo céntimo de más.

Este y otros asuntos de la misma índole, fueron decretados de esta forma por Al-lâh, no sólo porque Él es el Misericordioso con Sus siervos, sino para que sirviera, también, de lección de todos los musulmanes. Y no sólo para aquellos que vivieron en la época de la profecía, sino para todas las generaciones musulmanas venideras. Por eso, cuando se conozca a alguien que haya entrado en el Islam y lo haya abrazado, no se le debe agobiar espetándole preceptos religiosos de aquí y de allá, sino más bien, conviene adaptarse a él, de manera que vaya asumiendo los valores espirituales y el porqué de las cosas, ya que Al-lâh nos ha dado una mente para reflexionar y un corazón para discernir.

d. Preparación espiritual de los compañeros del Profeta

¿De qué hubiera servido si Al-lâh hubiera comenzado su revelación emitiendo preceptos sobre la licitud o ilicitud de tal y cual cosa? Acaso de haber sido así, ¿hubiera hecho alguien caso al Profeta? Como veremos más adelante, todas las suras reveladas en el período Mecano, -es decir, antes de la emigración a la ciudad de Medina-, van relacionadas con la creencia islámica, es decir, la Unicidad de Al-lâh, su poder sobre todas las cosas, su omnipotencia, su omnisciencia, Señor del Día del Juicio, etc., además de otras particularidades. La revelación debía de comenzar como una sacudida en las mentes de los politeístas de la Meca.

La Meca era una sociedad bajo las redes de la ignorancia religiosa y el politeísmo. Todo lo que adoraban no eran sino dioses concebidos por sus antepasados. Por eso, tal sociedad necesitaba un comienzo convulsivo para que sirviera de estímulo a las mentes y espíritus dormidos de la gente de la Meca, quienes sólo se basaban -religiosa y culturalmente hablando- en la fe ciega en vanas y efímeras creencias. Así, comenzó la revelación con mensajes que trocaban dichas doctrinas, llamando a la unicidad de Al-lâh y a meditar de forma lógica sobre las creencias y doctrinas que los politeístas seguían; en observar y en meditar en la creación y en todo aquello que les rodeaba, para así llegar a la conclusión de que todo ello, no había sido concebido por sí mismo; además, dichas suras y aleyas, -es decir, las pertenecientes al período Mecano-, eran reducidas, en lo que es su tamaño y composición se refiere, pero sin embargo, estaban cargadas de una fuerza sublime, tanto en su contenido como en su forma, es decir, tanto desde el punto de vista lingüístico como literario. De tal modo que hasta los propios poetas árabes se veían incapaces, no sólo de realizar algo parecido al Corán, ya fuera tanto en su estilo literario y lingüístico, sino como en su mensaje en sí.

Sobre esto, hay un relato de Aisha, -esposa del Profeta-, la cual contó: "Lo primero que era revelado del Corán eran suras en las que se mencionaban el Paraíso y el Infierno (es decir, aleyas y suras que hacían referencia a la creencia islámica), hasta que la gente entraba en el Islam. Luego eran reveladas las aleyas, -preceptos-, sobre lo lícito y lo ilícito. Ya que si la primera cosa revelada hubiera sido: "¡No bebáis el vino!", la gente hubiera dicho: "¡No dejaremos el vino nunca!". Y si se hubiera revelado al principio: "¡No cometáis adulterio!", la gente hubiera contestado lo mismo".

Y así, del mismo modo que los compañeros del Profeta necesitaban de esa adaptación psicológica, también necesitaban de una preparación espiritual. Y un ejemplo más claro de ello lo tenemos en la azalá de la noche, la cual fue ordenada y preescrita al Profeta y a sus compañeros. Al-lâh reveló en su sagrado Libro:

¡Tú, el arrebujado! * ¡Vela -en oración- casi toda la noche, * o media noche, o algo menos, * o más, y recita el Corán lenta y claramente! (Sagrado Corán, 73:1-4)

De este modo, la velada nocturna con la azalá, fue prescrita a todos los musulmanes de forma obligatoria. Y así, permaneció dicho precepto aproximadamente un año, hasta que fue revelada la aleya abrogadora, la cual hizo de la velada nocturna, un acto voluntario, pero siguió siendo obligatorio para el profeta Muhammad . Al-lâh -ensalzado y alabado sea-, reveló:

Tu Señor sabe que pasas (oh Muhammad) en oración casi dos tercios de la noche, la mitad o un tercio de la misma, y lo mismo un grupo de los que están contigo. Al-lâh, -que determina la noche y el día-, sabe que no lo aguantaréis y os perdona. ¡Recitad pues lo que buenamente podáis del Corán! Sabe que entre vosotros habrá unos enfermos, otros de viaje por la tierra buscando el favor de Al-lâh, otros combatiendo por la causa de Al-lâh. (Sagrado Corán, 73:20)

e. El reto coránico y la prueba de que el sagrado Corán procede de Al-lâh, el cual es Su palabra, y no obra del profeta Muhammad

Si, como dicen muchos de los oponentes al Islam, -sobre todo, los orientalistas-, el Corán hubiera sido escrito por Muhammad , hubieran encontrado en él muchas contradicciones. Pero sólo se limitan, -ya que no tienen otra opción-, a decir que Muhammad fue el autor del Corán, negando así su origen divino y, sin aportar ninguna prueba incuestionable, concluyente o clara.

Así, cualquiera que realice un estudio objetivo y concreto de los orígenes y composición del Corán, no encontrará en dicho estudio la más mínima mota de polvo que le indique que el Corán fuera compuesto u escrito por el profeta Muhammad . Es más, visto desde el punto de que el Corán fue revelado a lo largo de más de veinte y tres años, si hubiera sido el Profeta su autor, puede que no encontráramos en el Corán, contradicciones en lo que su contenido dogmático se refiere, pero sin duda alguna, encontraríamos contradicciones de estilo y de narración. Sin embargo, todo aquel que domina la lengua árabe y es además erudito en literatura, poesía y prosa de mencionada lengua, reconoce, -ya que no tiene otra opción-, que el Corán es inimitable desde cualquier punto de vista, y es todo uno en significado y armonía. Además, quisiéramos recalcar, que grandes literatos del Islam, intentaron, -no por retar al Corán, sino para incrementar más la fe en él-, componer textos en forma y estilo y significado al modo coránico y, sin embargo, todo intento fue inútil y sólo se vieron incapaces de llegar a componer algo semejante al Corán en lo más mínimo. Además, esta es otra prueba más del reto coránico. Ya que a pesar de haber sido revelado hace más de catorce siglos, hoy día, el Corán sigue retando a la mente humana, para demostrarle, que el Corán es la palabra de Al-lâh y, no como muchos afirman, que el Corán es obra de Muhammad . Además, como dice Al-lâh en Su sagrado libro:

¿No meditan en el Corán? Si hubiera sido de otro (el origen del Corán) que de Al-lâh, hubieran encontrado en él numerosas contradicciones. (Sagrado Corán, 4:82)

Además, todas estas falacias con las que son hostigados los musulmanes, fueron hechas ya por los mismos contemporáneos del profeta Muhammad . Sin embargo, se vieron completamente ineptos ante el reto coránico.

El pueblo árabe pre-islámico, era un pueblo que se basaba sobre todo en la tradición oral. Y, en la época en el que fue enviado el profeta Muhammad , la literatura y, sobre todo, la poesía árabe vivía su primera y, quizás más grande, edad de oro. En dicha época encontramos poetas que hoy día se siguen estudiando en las universidades, por su gran maestría en su dominio de la lengua y en su composición poética. Así, nos encontramos una época, en la que a pesar de que en ella encontramos poca gente que sabía escribir y leer, sin embargo, encontramos poetas, de un grandísimo nivel literario.

Y es en este medio, en el que el Corán retará a dichos poetas a que escriban o compongan algo parecido al Corán. Así, Al-lâh -alabado y ensalzado sea-, reveló:

O dicen: "Él (Muhammad) lo (el Corán) lo ha inventado". Di: "Si es verdad lo que decís, ¡traed diez suras como él (el Corán), inventadas (por vosotros), y llamad (como testigo) a quien podáis en lugar de llamar a Al-lâh. - Y si no os escuchan, sabed que ha sido revelado con la Ciencia de Al-lâh y que no hay más divinidad que Él. ¿Os someteréis, pues, a Él? (Sagrado Corán, 11:13-14)

Más tarde, viendo que los propios poetas árabes, se veían incapaces de escribir diez suras como las que venían reveladas en el Corán, Al-lâh reveló:

O dicen: "Él (Muhammad) lo (el Corán) ha inventado". Di: "si es verdad lo que decís, ¡traed una sura semejante (al Corán) y llamad (como testigo) a quien podáis, en lugar de llamar a Al-lâh (Sagrado Corán, 10:38)

Y finalmente Al-lâh reveló, en el sagrado Corán:

Si dudáis de lo (el Corán) que hemos revelado a Nuestro siervo (Muhammad), traed una sura semejante y, si es verdad lo que decís, llamad a vuestros testigos en lugar de llamar a Al-lâh. - Pero, si no lo hacéis -y nunca podréis hacerlo-, guardaos del fuego (del infierno) cuyo combustible lo constituyen hombres y piedras, y que ha sido preparado para los infieles. (Sagrado Corán, 2:23-24)

Y desde aquellos tiempos en que fue revelado el Corán, hasta los días de hoy, no ha habido nadie que haya podido componer algo parecido al Corán. Así, el Corán, sigue retando a todo aquel que quiera demostrar que el Corán es palabra de Muhammad y no palabra de Al-lâh. Así, que intente componer otro Corán para demostrar a los musulmanes que el Corán no es revelación divina. Quien quiera probar, que lo pruebe. Y si no puede, que reconozca la Verdad.

Otra de las causas por las que Al-lâh reveló el Corán de forma repartida, era para retar a los politeístas de la Meca, que recurrieron a todos los medios posibles para oponerse y rechazar al Profeta. De entre ellos, el que más llevaron a cabo, era el de espetar al Profeta todo tipo de preguntas, desde la más simples a las más rebuscadas e inimaginables. Sin embargo, Al-lâh estaba al acecho de los enemigos de su mensaje y siempre vendría la aleya oportuna a la pregunta concreta de los infieles. Además, a veces pedían el castigo con el que el Profeta siempre les amenazaba a través de las aleyas coránicas:

Te piden que adelantes la hora del castigo, pero Al-lâh no faltará a su promesa (Sagrado Corán, 22:47)

No había ocasión en que los enemigos del Profeta no vinieran con sus preguntas, sin que el Corán les respondiera con la respuesta oportuna. Y así, nos lo recuerda Al-lâh en su libro:

No te proponen ninguna parábola que no te aportemos Nosotros el verdadero sentido y la mejor interpretación (Sagrado Corán, 25:33)