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Hayy: La oportunidad del viaje �nico de la vida



por de N�mah Ism�il Nawwab



El Mundo de ARAMCO, Julio-Agosto 1992





[3D HD] EXCLUSIVE: The HAJJ (Makkah) as never seen before! 2013 - NL



El Hayy, o el peregrinaje a la ciudad sagrada de Meca, un deber central del Isl�m que or�genes datan desde el profeta Abrah�n, re�ne a musulmanes de todas razas e idiomas para una de las experiencias m�s espirituales de mundo.

Por 14 siglos, millones incontables de musulmanes, hombres y mujeres de las cuatro esquinas de la tierra, han hecho el peregrinaje a la Meca, el lugar de nacimiento del Isl�m. En realizar esta obligaci�n, satisfacen uno de los cinco "pilares" del Isl�m, o los deberes religiosos centrales del creyente.

Los musulmanes exponen los or�genes del peregrinaje divino al profeta Abrah�n, o Ibr�h�m, pues le llaman en �rabe. Seg�n el Cor�n, era Abrah�n que, junto con Ismael (Isma'il), construy� el Caba, "la casa de Dios," el punto focal en la direcci�n a que los musulmanes dan vuelta en su adoraci�n cinco veces cada d�a. Era Abrah�n, tambi�n - conocido como Khalil Al�, "el amigo de Dios" - que estableci� los rituales del Hayy, que recuerdan acontecimientos o pr�cticas su vida y la de su esposa Hagar (Hayar) y su hijo Ismael.

En el cap�tulo dado "El Peregrinaje," el Cor�n habla del comando divino de realizar el Hayy y da la profec�a de la permanencia de esta instituci�n:

"Y cuando preparamos para Abraham el emplazamiento de la Casa: ��No Me asocies nada! �Purifica Mi Casa para los que dan las vueltas y para los que est�n de pie, para los que se inclinan y prosternan!� (Hayy, Quran 22:26)

El Hayy a la Meca es una obligaci�n de una vez en el curso de la vida sobre los adultos que salud y medios lo permiten, o, en las palabras del Cor�n, sobre "los que puedan hacer su manera all�." No es una obligaci�n para ni�os, aunque algunos ni�os acompa�an a sus padres en este viaje.

Antes de comenzar, un peregrino debe reparar todos los males, pagar todas sus deudas, planear para tener suficiente fondos para su propio viaje y para el mantenimiento de su familia mientras que �l est� ausente, y prepararse para la buena conducta durante el peregrinaje del Hayy.

Cuando los peregrinos emprenden el viaje del Hayy, ellos siguen en los pasos de millones antes de ellos. En el presente, centenares de millares de creyentes sobre de 70 naciones llegan en el reino de Arabia Saudita a pies, por auto, por mar y por avi�n cada a�o, completando un viaje mucho m�s corto y de algunas maneras menos arduas que era a menudo en el pasado.

Hasta el siglo diecinueve, viajando la distancia a la Meca significaba generalmente siendo parte de una caravana. Hab�a tres caravanas principales: el egipcio, que form� en el Cairo; el iraqu�, que precis� desde Bagdad; y el sirio, que, despu�s de 1453, comenzaba en Estambul, recolectaba los peregrinos desde all� a lo largo de viaje, y proced�a hacia la Meca desde Damasco.

En ese entonces, el viaje del Hayy tom� meses si todo fue bien. Los peregrinos llevaban sus provisiones que necesitaban para sostenerlos en su viaje. Las caravanas eran elaboradamente provistas con amenidades y seguridad si las personas en el viaje eran rico, pero muchas veces los pobres tuvieron que interrumpir su viaje para trabajar por que sus provisiones se les gastaban. Ellos ahorraban sus ganancias, y despu�s segu�an con sus viajes. Esto dio lugar a viajes largos que, en algunos casos, atravesaron diez a�os o m�s. Los viajes en d�as anteriores eran lleno de aventura. Los caminos eran inseguro debido a las incursiones de bandidos. El terreno que los peregrinos pasaban era a trav�s tambi�n peligroso. Muchas personas mor�an tambi�n de los peligros naturales y de enfermedades. As�, la vuelta acertada de peregrinos a sus familias era una ocasi�n de celebraciones felices y de gracias por su llegada segura.

Atra�dos por la m�stica de las ciudades sagradas de Meca y Medina, muchas personas occidentales ha visitado estas dos ciudades santas, en las cuales los peregrinos convergen, desde el d�cimo quinto siglo. Algunos de ellos se disfrazaron como musulmanes; otros, que genuinamente hab�an convertido, vinieron satisfacer su deber. Pero todos se parecen haber sido movidos por su experiencia, y muchos registraron sus impresiones del viaje y los ritos del Hayy en cuentas fascinadoras. Muchos diarios sobre el Hayy existen, escrito en las idiomas tan diversas como los peregrinos mismos.

El peregrinaje ocurre cada a�o entre el octavo y el d�cimo tercero d�as de Dhu al-Hijjah, el 12mo mes del calendario lunar musulm�n. El primer rito es el ponerse el Ijram.

El ijram, usado por los hombres, es una ropa incons�til blanca compuesto de dos pedazos de pa�os; uno cubre el cuerpo de la cintura al tobillo y el otro se lanza sobre el hombro. Esta ropa fue usado por Abrah�n y Mujammad. Las mujeres usan generalmente un vestido blanco simple y un velo sobre su cabeza, pero no cubriendo su cara. Las cabezas de los hombres deben ser destapadas; los hombres y las mujeres pueden utilizar paraguas.

El ijram es un s�mbolo de pureza y de la renuncia del mal y de materias mundanas. Tambi�n indica la igualdad de toda la gente en los ojos de Dios. Cuando el peregrino usa su ropa blanca, �l o ella entra en un estado de la pureza que proh�be el pelear, el confiar de violencia sobre el hombre o animales y de tener relaciones conyugales. Una vez que el peregrino se pone su ropa del Hayy �l no se puede afeitar, no se puede cortar sus u�as o usar cualquier joyer�a, y �l dejar� su ropa puesta hasta que �l termina el peregrinaje.

El peregrino que comienza su peregrinaje en la Meca comienza su Hayy a partir del momento que �l se pone el ijram. Algunos peregrinos que vienen de una distancia pudieron haber entrado a la Meca anteriormente con su ijram puesto y pueden todav�a usarlo. El poner el ijram es acompa�ado por la invocaci�n primaria del Hayy, la talbiyah:

�Aqu� estoy, oh Dios, a su orden! �Aqu� estoy a su orden! Usted est� sin compa�ero; �Aqu� estoy a su orden! �Lo suyo es alabanza y tolerancia y dominio! � Usted est� sin compa�ero.

El canto atronador y melodioso del talbiyah se oye no solamente en la Meca pero tambi�n en otras localizaciones sagradas conectadas con el Hayy.

En el primer d�a del Hayy, los peregrinos van desde Meca hacia Mina, una aldea peque�a deshabitada al este de la ciudad. Mientras que las multitudes van hacia Mina, los peregrinos generalmente pasan su tiempo meditando y rezando, como el profeta Mujammad hizo en su peregrinaje.

Durante el segundo d�a, el 9no del Dhu al-Hijjah, los peregrinos se van de Mina para el llano de Arafat para el wuquf, "el levantamiento," el rito central del Hayy. Mientras que se juntan all�, la postura de los peregrinos y la reuni�n los recuerda el d�a del juicio. Algunos de ellos se reunen en la Monta�a de la Misericordia, donde el profeta entreg� su serm�n de despedida inolvidable, declarando reformas grandes religiosas, econ�micas, sociales y pol�ticas. �stas son horas cargadas emocionalmente, que los peregrinos pasan en la adoraci�n y rezo. Muchos lloran pidi�ndole a Dios que los perdone. En este punto sagrado, alcanzan la culminaci�n de sus vidas religiosas mientras que sienten la presencia y proximidad de a Dios misericordioso.

La primera mujer inglesa que realiz� el Hayy, la se�ora Evelyn Cobbold, describi� en 1934 la experiencia que los peregrinos sienten durante el wuquf en Arafat. "Requerir�a una pluma grande para describir la escena, conmovedora en su intensidad, de ese gran concurso de la humanidad el cual era una unidad peque�a, perdido totalmente a sus alrededores en un fervor del entusiasmo religioso. Muchos de los peregrinos ten�an l�grimas fluyendo sus cachetes; otros levantaban sus caras al cielo lleno de estrellas que hab�a atestiguado a esta drama tan a menudo por muchos siglos. Los ojos brillantes, las s�plicas apasionadas, las manos lamentables extendido en rezo me movieron de una manera la cual nunca me ha pasado, y me sent�a cogido por una onda fuerte de exaltaci�n espiritual. Era uno con el resto de los peregrinos en un acto de la sublimaci�n de la entrega completa a la voluntad suprema de Dios que es Isl�m.

"Despu�s ella describe la proximidad los peregrinos se sienten al profeta mientras que est�n parado en Arafat: "... estoy parado al lado del pilar del granito, me siento que estoy en tierra sagrada. Veo con el ojo de mi mente al profeta dando su �ltimo serm�n, sobre hace trece cientos a�os, a las tristes multitudes. Visualice a muchos predicadores que han hablado a millones incontables que se han congregado en el llano extenso abajo. Esto es la escena culminante del gran peregrinaje.

"El Profeta Mujammad es reportado haber pedido a Dios a perdonar los pecados de los peregrinos que estaban parado en Arafat, y fue concedido su deseo. As�, los peregrinos esperanzados se preparan para dejar este llano alegre, sintiendo renacido sin pecado y preponi�ndose volcar una hoja nueva.

Despu�s de la puesta del sol, las masas de los peregrinos entran a Muzdalifah, un llano abierto alrededor a medio camino de Arafat y Mina. All� primero ruegan y en seguida recogen un n�mero fijo de guijarros peque�os para utilizar en los d�as siguientes.

Antes del amanecer en el tercer d�a, los peregrinos se van en masa desde Muzdalifah a Mina. All� tiran a los pilares blancos los guijarros que han recogido previamente. Seg�n algunas tradiciones, esta pr�ctica se asocia con el profeta Abrah�n. Mientras que los peregrinos lanzan siete guijarros en cada uno de estos pilares, recuerdan la historia de la tentativa de Satanas de persuadir Abrah�n desatender el comando de Dios de sacrificar su hijo.

Lanzando los guijarros es simb�lico de la tentativa de los seres humanos de echar el mal y el vicio, no una vez pero siete veces - el n�mero siete significando infinidad.

Despu�s de lanzar los guijarros, la mayor�a de los peregrinos sacrifican una cabra, ovejas o alg�n otro animal. Dan la carne a los pobres, en algunos casos guardando una porci�n peque�a para ellos mismos.

Este rito se asocia con la preparaci�n de Abrah�n para sacrificar su hijo de acuerdo con el deseo de Dios. Simboliza la buena voluntad del musulm�n de partir con cu�l es precioso a �l, y nos recuerda del esp�ritu del Isl�m, en cual la sumisi�n a la voluntad de Dios es principal. Este acto tambi�n recuerda al peregrino compartir cosas mundanas con los que son menos afortunados, y sirve como una oferta de gracias a Dios.

A este punto, los peregrinos han acabado la etapa m�s importante del Hayy. Ahora se permite verter su ijram y poner ropas diarias. En este d�a, musulmanes alrededor del mundo sienten la felicidad que los peregrinos sienten y se ensamblan realizando los sacrificios id�nticos, individuales en una celebraci�n mundial llamado Id al-Adja significando "el festival del sacrificio." Los hombres afeitan sus cabezas o cortan un pedazo de pelo, y las mujeres cortan un pedacito simb�lica, para marcar su retorno a la vida mundana parcial. Esto se hace como s�mbolo de humildad. Todas las proscripciones, excepto las de relaciones conyugales, ahora son levantado.

Todav�a en viaje en Mina, los peregrinos visitan la Meca para realizar otro rito esencial del Hayy: el tawaf, d�ndole la vuelta siete veces alrededor del edificio del Caba, con un rezo recitado durante cada circuito. Su circumambulaci�n del Caba, el s�mbolo de la unidad de Dios, implica que todas las actividades humana debe tener Dios en su centro. Tambi�n simboliza la unidad de Dios y la humanidad.

Thomas Abercrombie, un converso al Isl�m y un escritor y fot�grafo para National Geographic Magazine (revista geogr�fica nacional), realiz� el Hayy en los a�os 70as y describi� el sentido de unidad y armon�a que los peregrinos sienten cuando circundan: "siete veces circundamos el santuario," �l escribi�, "repitiendo las dedicaciones rituales en �rabe: 'Se�or, Dios, de una tierra tan distante he venido a Usted.... Deme su abrigo debajo del trono Suyo.' Cogido por la escena girante, levantado por la poes�a de los rezos, movimos en �rbita alrededor de la casa de Dios en acordar con los �tomos, en armon�a con los planetas.�

Durante los circuitos, los peregrinos pueden besar o tocar la piedra negra. Esta piedra oval, primero montada en un marco de plata en el s�ptimo siglo, tiene un lugar especial en los corazones de musulmanes como, seg�n algunas tradiciones, es el remanente �nico de la estructura original construida por Abrah�n e Ismael. Pero quiz�s la sola raz�n m�s importante de besar la piedra es que el profeta Mujammad lo hizo.

No hay significaci�n piadosa cualquiera a la piedra, porque no es, ni ha sido jam�s, un objeto de la adoraci�n. El segundo califa, Omar ibn al-Khattab, hizo esto claro cuando, al besar la piedra en emulaci�n al profeta, �l proclam�: "s� que usted solamente es una piedra, incapaz de hacer bueno o da�o. S� no he visto el mensajero de Dios besarle - la bendici�n y la paz de Dios este sobre �l - yo no lo besar�a."

Despu�s de terminar el tawaf, los peregrinos rezan, preferiblemente en la estaci�n de Abrah�n, el sitio donde Abrah�n estaba parado mientras que �l construy� el Caba. Entonces beben del agua de Zamzam.

Otro rito y a veces el final es el sa'y, o "el correr." Esto es una reconstrucci�n de un episodio memorable en la vida de Hagar, la esposa de Abrah�n, que fue tomado en lo que el Cor�n llama el "valle uncultivable" de Meca, con su hijo infantil Ismael, para colocarse all�.

El sa'y conmemora la b�squeda fren�tica de Hagar por agua para apagarle la sed de Ismael. Ella corri� hacia alante y hacia atr�s siete veces entre dos colinas rocosas, as-Safa y al-Marwah, hasta que ella encontr� el agua sagrada conocida como Zamzam. Esta agua, que soli� adelante milagrosamente bajo los pies min�sculos de Ismael, ahora se encuentra en un compartimiento de m�rmol cerca del Caba.

Cuando estos rituales son realizados, los peregrinos son deconsegrados totalmente: Pueden reasumir todas las actividades normales. Seg�n las costumbres sociales de algunos pa�ses, los peregrinos pueden tener el orgulloso t�tulo de al-Hayy o Hayyi .

Ahora ellos vuelven a Mina, donde permanecen hasta el 12mo o d�cimotercero d�a de Dhu al-Hijjah. All� lanzan sus guijarros restantes a cada uno de los pilares de la manera practicada o aprobada por el profeta. Entonces se despiden de los amigos que han hecho durante el Hayy. Antes de dejar Meca, sin embargo, los peregrinos hacen generalmente un tawaf final alrededor del Caba para despedirse de la ciudad sagrada.

Antes o despu�s de ir a Meca, los peregrinos tambi�n se sirven de la oportunidad prove�da por el Hayy para visitar la mezquita en Medina, la segunda ciudad m�s santa del del Isl�m. Aqu� esta el profeta Mujammad enterrado en un sepulcro simple debajo de la b�veda verde de la mezquita. La visita a Medina no es obligatorio, porque no es parte del Hayy, pero la ciudad - que dio la bienvenida a Mujammad cuando �l emigr� all� de Meca - es rica en memorias m�viles y los sitios hist�ricos que son evocadores de �l como un profeta y un estadista.

En esta ciudad, amado por musulmanes por siglos, gente todav�a siente la presencia del esp�ritu del profeta. Mujammad Asad, un jud�o austr�aco que se convirti� al Isl�m en 1926 e hizo cinco peregrinajes entre 1927 y 1932, comento sobre este aspecto de la ciudad: "incluso despu�s trece siglos, la presencia espiritual del [profeta] est� casi tan viva aqu� como entonces estaba. Era solamente debido a �l que el grupo dispersado de pueblos una vez llamado Yatrib se convirti� en una ciudad y ha sido amado por todos los musulmanes hasta hoy d�a. Pues no hay ciudad en cualquier otro lugar en el mundo que tiene tanto amor. La ciudad ni tiene un nombre propio: por m�s de trece cientos a�os se ha llamado Madinat an-Nabi, ' la ciudad del profeta.' Por m�s de trece cientos a�os, tanto amor ha convergido aqu� que todas las formas y movimientos han adquirido una clase de semejanza de una familia, y todas las diferencias semejantes encuentran una transici�n l tonal en una armon�a comun."

As� como los peregrinos de razas diversas y leng�etas vuelven a sus hogares, ellos llevan con ellos memorias apreciadas de Abrah�n, Ismael, Hagar, y de Mujammad. Recordar�n siempre ese conjunto universal, donde el pobre y el rico, el negro y el blanco, el joven y el viejo, se encuentran en igualdad. Vuelven con un sentido del temor y serenidad: temor reverente con su experiencia en Arafat, cuando se sent�an lo m�s cerca posible a Dios mientras que estaban parado en el sitio donde el profeta di� su serm�n durante su primer y �ltimo peregrinaje; serenidad por botar sus pecados en ese llano, y as� siendo relevado de una carga tan pesada. Tambi�n vuelven con una comprensi�n mejor de las condiciones de sus hermanos en el Isl�m. As� se llevan un esp�ritu de cuido para otros y una comprensi�n de su propia herencia rica que durar� a trav�s de sus vidas.

Los peregrinos vuelven radiante con esperanza y alegr�a, porque ellos han satisfecho la prescripci�n antiguo de Dios a la humanidad para emprender el peregrinaje. Sobretodo, vuelven con un rezo en sus labios: Puede darle favor a Dios, ellos ruega, para que su Hayy sea aceptable, y puede qu� lo que dijo el profeta sea verdad de su propio viaje individual: "no hay recompensa por un peregrinaje piadoso sino para�so."